Una habitación doble para mi y una sencilla para mi pan, por favor.

Me hallaba paseando con Gro Janarv por las calles de Estocolmo cuando paramos ante una preciosa panadería y ella dijo “Surdegsbröd!” Mi desconocimiento del idioma sueco me llevo a interpretar esta exclamación como un cáspitas o, tal vez, un albricias pero nada más lejos de la realidad. Surdegsbröd significa pan de masa fermentada y es una delicia que ahora mismo estoy degustando con queso con cebollino y semillas de mostaza,  pepino y salami de reno.
Muérete.

Pero lo fascinante de este pan no es la alegría que brinda a tu paladar. No, lo que auténticamente me ha tenido ojiplática durante 3 días es el hecho de que existen hoteles para el Surdegsbröd. HO-TE-LES. Para tu pan.
Ahora me muero yo.

El proceso de elaboración del Surdegsbröd es largo y laborioso. La Wikipedia lo describe a la perfección así que me ahorraré el copiar y pegar.  Durante varios días has de cuidar y menear y alimentar la masa que se convertirá en tan preciado manjar y este proceso te puede coincidir con unas vacaciones o con tener que ausentarte de tu doble vida como ciudadano de día y panadero de noche. No hay que sufrir, tu pan seguirá recibiendo los cuidados que merece en un hotel especialmente preparado para sus necesidades. En un bote de cristal, debidamente etiquetado, se guardará tu masa y expertos panaderos la mimarán y vigilarán el tiempo que sea necesario.

El resultado final es un magnífico y esponjoso pan con un delicado regusto agrio.

Id reservando una bonita habitación con vistas para vuestro pan.

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