Blue Velvet

Hace diez años, en algún momento entre enero y julio, la que escribe estas líneas volvía a Utrecht después de pasar la noche en Amsterdam y, ciega cual piojo, intentaba encontrar la puerta de su habitación en el edificio-residencia de estudiantes en el que vivía. Grote Trekdreef era el nombre de la calle, si no recuerdo mal.

Mi habitación era la del fondo del todo del pasillo, eso facilitaba mucho las cosas a la hora de encontrarla pero hacía largo larguísimo el momento de llegar hasta ella, así que allí estaba una Eva diez años más joven y diez veces más tambaleante que ahora, con las llaves en una mano y probablemente una kroket de queso en la otra, ansiando el momento de llegar a la habitación del fondo y derrumbarse sobre la cama, la moqueta o lo que antes se cruzase en el camino.

Justo entonces surgió una melodía desde alguna de las otras habitaciones que susurraba “she woooore bluuuuue veeel-vet, WOH-WOH” y eso hipnotiza un poco y hace que la canción se te quede dentro para siempre.

(WOH-WOH)

Volví a toparme en varias ocasiones con Blue Velvet a lo largo de mi vida pero siempre ya empezada así que solo la miré de refilón intentando no enterarme de nada.

(WOH-WOH)

De vuelta a 2012, este es el cartel que ví la semana pasada y justo debajo está el de ayer, siete días después.

Esta vez Blue Velvet no se me iba a escapar. Y además Pablo Padilla me había prometido que luego íbamos a cenar kebabs. Y ya que este blog va de comida voy a poner una foto del kebab para justificar toda esta parrafada.

(WOH-WOH)

La peli me encantó y me voy a tomar una Heineken para celebrar que por fin la he visto entera. Y os confesaré que hoy he vuelto a cenar kebab, pero esa es otra historia.

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