Misión mostazas

Hace poco menos de dos años saqué esta foto. En una habitación del Hotel Amour, en Paris, exultante tras una visita a Chez Maille.

Me las prometía tan felices.

Ya me veía de vuelta en Madrid con mis mostacitas. Todo un mundo nuevo de sabores y colores por descubrir.  El deleite de la anticipación.

Pero no fue así.

En el aeropuerto fueron interceptadas. Os ahorraré los detalles de la batalla campal que libré , en vano, contra los señores del control de seguridad que adujeron todo tipo de legalidades para incautar mis mostazas de 110 ml pero que no parecieron inmutarse por la presencia de un tubo de pasta de dientes en el bolsillo de la parka. Salí del control, le regalé los  botes de ambrosía a unos chicos simpáticos y subí al avión más enfadada que una mona y mascullando “Volveré a por más. VOLVERÉ A POR MÁS”

Y he vuelto.

Escribo estas líneas desde Paris con 4 botes de mostaza a mi vera. Grandes esta vez, que me vuelvo a casa en el Eurostar y allí, que yo sepa, no confiscan nada.

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