Misión mostazas (II)

La última vez que tocamos este tema lo dejamos aquí.

En aquella visita a París coincidí con un amigo de Londres que andaba por allí para pinchar en un fiestorrón de su sello. Estuvimos un rato de paseo, cotilleamos sobre propios y extraños, comimos helados y hablamos de mostazas. Me dijo que las que yo llevaba en la bolsa estaban muy bien pero que la mejor mostaza del mundo la tenía él en casa y que a ver si se acordaba de mandarme una foto cuando volviese a Londres.

Casi dos meses después recibí esta foto.

Enseguida compartí tan valiosísima información con Aurore, mi estupenda y francesa compañera de casa, y me dijo que no había visto esta mostaza en su vida pero que tomaba buena nota de ella.

Y tanto que lo hizo.

Este fin de semana recibió visita de unos amigos, también franceses, que venían al ATP. Amigos a los que yo ni siquiera tuve el gusto de conocer pero a los que desde aquí agradezco que tuviesen el detalle de traerme, de manera totalmente sorpresiva, botes de la supuestamente mejor mostaza del mundo.

Y es que cuando los invitados traen cosas de comer de sus ciudades de origen, traen ALEGRÍA.

En esta foto salimos mi amigo Carlos y yo, un montón de embutidos que trajo desde Barcelona y una caja de Espidifen sabor albaricoque que no se come pero va divino para las resacas

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