Cuando se van las visitas

El día después de que se vaya una visita con la que has tenido amor, felicidad, un montón de English breakfasts, paseos, borracheras, resacas, risas delante de la momia de Cleopatra en el British Museum, viajes en tren, un par de broncas, un par de reconciliaciones y un montón de cosas más es un poco triste pero también es maravilloso.

No hay cosa que altere más las coordenadas espacio tiempo de cada uno que el recibir a alguien con quien quieres pasar todo el rato posible. Y, amigos, recuperar coordenadas es algo necesario y que sienta fenomenal sobre todo si lo haces mientras masticas recuerdos.

 

A mi hoy me ha tocado desayunar huevos revueltos con queso Old Amsterdam y una stroopwafel que me ha traído Jeroen desde Holanda aunque le dije que no hacía falta que trajese nada (punto para él por no hacerme caso). De paso me acuerdo de Kirsteen de quien heredé esa taza con una K como la copa de un pino y también me viene a la cabeza Paris ya que los huevos van aderezados con mostaza de higo y cilantro que compré allí y que pronto se me acabará. Esto último me hace pensar que ya va siendo hora de volver a por más, visitar a mis amigos, llevarles cosas e irme para que se puedan acordar de mi.

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